Yiliane Flández habla sobre “Holograma”, su próximo álbum, su infancia y su llegada a México para el Encuentro Iberoamericano de Mujeres en la Música.
La cantautora chilena llegará a México para participar en el Encuentro Iberoamericano de Mujeres en la Industria Musical mientras abre una etapa más oscura y rockera con “Holograma” y su próximo álbum.
Artista: Yiliane Flández
Origen: Temuco, Chile
Proyecto: Pop rock introspectivo / indie / synthpop / rock
Lanzamiento reciente: “Holograma”
Presentación en CDMX: 22 de septiembre de 2026
Evento: Encuentro Iberoamericano de Mujeres en la Industria Musical
Lugar: Espacio X, Centro Cultural de España en México
Más fechas en México: 27 de septiembre, Los Reyes Acaquilpan y Tlalpan
Yiliane Flández convierte las heridas de la infancia en una nueva etapa musical
Antes de aprender a hacer canciones, Yiliane Flández tuvo que aprender a escribir.
Y no fue sencillo.
Durante su infancia enfrentó dificultades de aprendizaje y concentración, pero cuando finalmente logró apropiarse del lenguaje ocurrió algo inesperado: casi inmediatamente comenzó a utilizarlo para crear.
Tenía alrededor de diez años.
Primero aparecieron poemas. Después canciones. Melodías que daban vueltas dentro de su cabeza y palabras que intentaban ordenar emociones demasiado grandes para una niña.
“Las emociones más incómodas fueron las que me hicieron llegar a escribir”, recuerda.
Aquellas primeras composiciones hablaban de su familia, de la separación de sus padres y de experiencias que todavía no podía procesar completamente. Durante un tiempo incluso ocultó esa faceta creativa porque escribir canciones no era algo habitual dentro de su entorno.
Hoy, años después, esa niña continúa apareciendo dentro de la música.
Sólo que ahora Yiliane ya sabe que puede mirarla de frente.
De “necesito vomitar esto” a aprender a jugar con la música
El proceso creativo de Flández sigue comenzando muchas veces desde lugares incómodos.
Una tristeza intensa.
Rabia.
Una sensación difícil de colocar en otra parte.
Pero algo cambió.
Cuando era pequeña, escribir podía funcionar casi exclusivamente como una necesidad de expulsar aquello que estaba sintiendo.
“Necesito vomitar esto en alguna parte”, describe.
Actualmente existe también una decisión consciente de crear.
Puede sentarse frente a un teclado, una guitarra o una computadora simplemente para jugar. Probar sonidos. Encontrar una palabra. Combinar elementos sin necesidad de que exista previamente una herida que resolver.
La música continúa funcionando como refugio, pero dejó de ser solamente una sala de emergencia.
También se convirtió en un espacio de curiosidad.
Ese cambio resulta importante porque Yiliane se encuentra construyendo su primer álbum de larga duración, un proyecto en el que está mucho más involucrada que en cualquier producción anterior.
“Holograma”: entrar en una zona más oscura
El primer vistazo hacia ese nuevo universo es “Holograma”.
La canción marca un desplazamiento respecto a Heridas de Tierra, el EP que Yiliane publicó en 2020 bajo la producción de Javier Barría y que posteriormente recibió una nominación en los Premios Escuchar 2021. Su dossier también registra presentaciones posteriores en Chile y Uruguay, incluida su participación en el Festival Internacional de la Canción de Punta del Este durante 2024.
Si aquel material se movía con mayor claridad alrededor del pop alternativo, el próximo disco se inclina hacia el rock.
Pero el cambio no es únicamente musical.
“Hay una parte más oscura de mí que también está saliendo a relucir”, explica.
Esa oscuridad siempre estuvo presente.
La diferencia es que ahora encontró el espacio para convertirse conscientemente en parte del proyecto.
Unir a la mujer que es con la niña que fue
Heridas de Tierra reunió canciones provenientes de diferentes experiencias, viajes y aprendizajes.
Yiliane reconoce que no existía necesariamente un concepto capaz de unir todas las piezas.
El nuevo álbum funciona de manera diferente.
Esta vez existe una búsqueda central: comprender determinadas experiencias traumáticas y construir un puente entre su vida adulta y aquella niña que comenzó a escribir precisamente porque necesitaba darle sentido a lo que estaba ocurriendo alrededor.
“Entro más en mi infancia. Entro más a unir a la mujer que soy con la niña que fui”, explica.
El proyecto no pretende quedarse atrapado dentro del trauma.
La intención es transformarlo.
Yiliane habla de sintetizar experiencias densas hasta convertirlas en algo capaz de contener otro significado.
Hubo momentos difíciles.
Pero también existen aprendizajes.
Algo pudo crecer después del barro.
“Flores” y aprender a convertirse en el propio templo
Después de “Holograma” llegará “Flores”.
La canción todavía no ha sido publicada, pero durante la entrevista Yiliane ofrece una de las claves más importantes para comprender el próximo disco.
“Flores” habla de aquello que otras personas pueden arrancarnos sin haberlo cultivado.
Virtudes.
Afectos.
Seguridad.
Partes de nosotros que entregamos esperando que alguien las cuide.
Pero también existe otra idea:
uno mismo puede convertirse en su propio terreno.
La canción plantea comprender el cuerpo y la identidad como un templo que necesita cultivarse incluso cuando desde el exterior llegan malos vientos, sequías o personas incapaces de cuidar aquello que reciben.
Por eso, cuando se le pregunta qué canción le dedicaría a la niña que fue, “Flores” aparece inmediatamente.
También “Holograma”.
Ambas podrían ayudar a aquella versión infantil a comprender ciertas piezas que entonces parecían imposibles de ordenar.
La hoja en blanco ya no significa lo mismo
Una de las transformaciones más interesantes dentro de la conversación ocurre alrededor del miedo creativo.
Cuando una artista comienza, la hoja en blanco puede representar libertad absoluta.
Años después carga otras cosas.
Producción.
Industria.
Redes sociales.
Promoción.
Presupuesto.
Fechas de lanzamiento.
Yiliane reconoce esa presión porque la música también se convirtió en su trabajo.
Además de desarrollar su proyecto artístico, da clases de canto y participa directamente en distintas áreas relacionadas con la construcción de su carrera.
Hacer música cuesta dinero.
Viajar cuesta dinero.
Promover un lanzamiento cuesta dinero.
Y aun así intenta proteger aquella relación inicial con la creación.
La niña que jugaba escribiendo sigue siendo necesaria para que la adulta profesional no convierta cada canción únicamente en una tarea.
Desde Temuco hacia Ciudad de México
La próxima etapa de esa historia ocurrirá lejos de casa.
El 22 de septiembre, Yiliane se presentará en el Espacio X del Centro Cultural de España en México como parte del Encuentro Iberoamericano de Mujeres en la Industria Musical.
Su participación comenzó mediante una convocatoria.
Desde Chile fueron evaluados alrededor de 200 proyectos y finalmente quedaron tres representantes del país.
Yiliane tiene además una particularidad:
es la única seleccionada proveniente de una región distinta a Santiago.
Ella vive en Temuco.
Y eso cambia considerablemente la experiencia de construir una carrera.
Hacer música lejos de la capital
Temuco se encuentra aproximadamente a ocho horas de Santiago.
La distancia no es solamente geográfica.
Buena parte de la infraestructura musical chilena, encuentros profesionales, oportunidades y conexiones continúan concentrándose en determinados puntos del país.
Santiago es el principal.
Concepción funciona también como un polo importante, especialmente por su relación histórica con el rock chileno.
Valparaíso mantiene otro circuito.
Desde Temuco, llegar a esos espacios implica moverse constantemente.
“Hay que ir donde suceden las cosas”, resume.
La geografía chilena tampoco ayuda.
Un país extremadamente largo, con la Cordillera de los Andes funcionando como enorme pared natural hacia el este y el océano hacia el oeste, convierte muchos desplazamientos en viajes considerablemente extensos.
Incluso siendo Temuco una de las ciudades importantes del país, Yiliane considera que todavía existe un déficit de infraestructura cultural.
Cuando el talento también necesita dinero para moverse
La conversación rápidamente deja de ser solamente geográfica.
Porque acceder a la industria también depende de recursos.
Viajar.
Contratar prensa.
Asistir a encuentros.
Mover una banda.
Grabar.
Promocionar.
Todo requiere inversión.
“Dedicarse a la música y a las artes es un camino de mucha resistencia”, afirma.
Yiliane habla desde un origen humilde y reconoce que, dentro de determinadas escenas, quienes poseen mayores recursos económicos pueden avanzar más rápidamente aunque apenas comiencen sus carreras.
No significa que no exista talento detrás de esos proyectos.
Significa que el talento nunca participa solo.
También importan los contactos, la infraestructura y la capacidad económica para mantenerse dentro del circuito.
La pandemia, paradójicamente, abrió una pequeña puerta.
Como gran parte de la industria se volvió virtual, Yiliane comenzó a acceder a reuniones y espacios que probablemente habrían sido más difíciles de encontrar desde Temuco.
Internet redujo algunas distancias.
No todas.
México como posibilidad de abrir el mundo
Para Yiliane, llegar a México representa algo especial.
Primero por la conexión cultural que percibe entre ambos países.
“Chile y México se aman naturalmente”, comenta.
Después aparece una dimensión profesional.
Para muchos músicos chilenos, México representa un territorio enorme, con una audiencia considerable y una cultura musical profundamente instalada dentro de la vida cotidiana.
“Para un chileno, ir a México es abrirte el mundo”, explica.
Su relación con el país tampoco comienza completamente desde cero.
La artista asegura que su música ha encontrado desde hace tiempo espacios dentro de México y que, curiosamente, en ocasiones le ha resultado más sencillo conectar con medios mexicanos que con determinados circuitos de Santiago.
Ahora podrá comprobar esa relación físicamente.
Tres presentaciones en México
La participación en el encuentro será solamente la primera parada.
Yiliane anunció durante la entrevista tres presentaciones en territorio mexicano.
La primera será el 22 de septiembre en Espacio X del Centro Cultural de España, dentro del Encuentro Iberoamericano de Mujeres en la Industria Musical.
Después, el 27 de septiembre, llegará al Parque Francisco Villa en Los Reyes Acaquilpan como parte del Festival de Pueblos Chile y México.
Ese mismo día se trasladará hacia Tlalpan para presentarse alrededor de las 6:00 p. m. en Bebo's Dinner.
Serán tres oportunidades distintas para introducir su proyecto ante público mexicano.
Un disco que todavía está encontrando su forma
Existe una pequeña diferencia entre el dossier promocional y lo explicado directamente por Yiliane durante la entrevista.
El documento de prensa proyectaba su primer álbum de larga duración para 2026. Sin embargo, durante nuestra conversación aclaró que actualmente no existe una fecha definitiva para el lanzamiento completo.
La estrategia será publicar el material canción por canción.
“Holograma” inició el recorrido.
“Flores” continuará la historia.
Y el proceso se extenderá hasta que las últimas piezas del álbum lleguen durante el próximo año.
No tener todo cerrado parece coherente con la manera en que Yiliane describe su etapa creativa.
Está construyendo el disco mientras aprende qué necesita decir.
“Soy quien quería ser”
Al final de la conversación aparece una pregunta que obliga a regresar hasta el principio.
¿Qué pensaría aquella niña que comenzó a escribir a los diez años si pudiera conocer a la mujer que es hoy?
Yiliane no duda demasiado.
“Creo que diría: quiero ser ella”.
Después viene la verdadera revelación:
“Y soy ella”.
Pocas frases resumen mejor toda la conversación.
La niña que escribía escondida.
La adolescente que utilizaba canciones para comprender emociones incómodas.
La mujer que desde Temuco tuvo que aprender a buscar oportunidades lejos de los centros de la industria.
La artista que ahora viajará hasta Ciudad de México porque siguió el rastro de una convocatoria y consiguió un espacio entre cientos de proyectos.
Todas son la misma persona.
Por eso el próximo álbum quizá no trate únicamente de mirar hacia el pasado.
Se trata de regresar por aquella niña.
Sentarse junto a ella.
Mostrarle las heridas.
Mostrarle también las flores.
Y decirle que, después de todo, sí consiguió convertirse en quien quería ser.
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