Barbie Williams habla sobre neofolclore, SIAMÉS, su nuevo álbum, el concepto Paréntesis y su participación en EIMIM 2026 en México.
La artista argentina radicada en México habla sobre migración, independencia, su pasado con SIAMÉS y una nueva etapa donde la voz, la electrónica y las raíces latinoamericanas conviven mientras aprende a habitar aquello que todavía está cambiando.
Artista: Barbie WilliamsOrigen: ArgentinaResidencia actual: Ciudad de MéxicoPropuesta: Neofolclore / pop / electrónica / música coralPróximo concepto escénico: ParéntesisPresentación: 24 de septiembre de 2026Evento: Encuentro Iberoamericano de Mujeres en la Industria MusicalHorario: 8:00 p. m.Formato del showcase: Voz, electrónica y batería
Barbie Williams lleva su casa en las canciones
Para Barbie Williams, el folclore no comienza cuando alguien toca una guitarra de nylon.
Tampoco termina en una chacarera, una zamba o un bolero.
Puede aparecer dentro de una comida familiar, una cantina, una conversación entre amigos, una celebración o cualquier ritual capaz de recordarnos de dónde venimos.
“El folclore no es un género. Es un estilo de vida”, explica.
La idea permite comprender buena parte de su proyecto solista.
Williams nació en Argentina, creció en la Patagonia, vivió durante años fuera de su país y actualmente está radicada en Ciudad de México. Su recorrido la llevó también por Berlín, una ciudad donde encontró un universo electrónico e industrial aparentemente distante de las músicas con las que había crecido.
Pero la raíz no desapareció.
Se transformó.
De esa convivencia surge aquello que define como neofolclore: una reinterpretación de la memoria latinoamericana capaz de convivir con pop, electrónica, loops, texturas vocales, música coral y cualquier sonido que resulte necesario.
“No importa a dónde vaya. El folclore va conmigo porque es mi manera de sentirme en casa”.
El neofolclore como hogar portátil
Cuando Barbie llegó a Alemania llevaba más que canciones.
Llevaba una manera de entender la música.
En la Patagonia argentina había convivido con chacareras, zambas y otras expresiones tradicionales. Ese sonido formaba parte de reuniones, vínculos y recuerdos.
Berlín ofrecía otro panorama.
Máquinas.
Electrónica.
Clubes.
Una relación completamente diferente entre cuerpo, sonido y espacio.
Intentar reproducir literalmente el folclore argentino dentro de aquel contexto podía sentirse artificial. La solución fue permitir que ambos mundos comenzaran a contaminarse.
El concepto de folclore se volvió entonces más amplio.
Cada territorio posee sus propios rituales. Para Barbie, una celebración alemana alrededor de la cerveza también puede contener una expresión folclórica porque habla de tradición, comunidad y pertenencia.
El punto no está en conservar la música dentro de una vitrina.
Está en preguntarse qué sucede cuando una tradición viaja.
De SIAMÉS a construir una identidad propia
Antes de desarrollar completamente su proyecto solista, Barbie Williams formó parte de SIAMÉS como cantante y compositora.
La banda alcanzó una audiencia internacional y le permitió recorrer distintos países y escenarios. Su dossier registra presentaciones y giras por Estados Unidos, México, España, Portugal, Francia, Países Bajos, Inglaterra, Alemania, Italia, Polonia, Argentina, Chile, Brasil y Colombia.
También fue una confirmación.
Aunque la música había estado presente desde mucho antes.
Una de las primeras revelaciones ocurrió cuando tenía apenas 17 años.
Durante una gira internacional llegó a un hotel, observó la habitación y la vista frente a ella y comprendió algo aparentemente sencillo:
estaba ahí porque cantaba.
“Dije: wow, estoy acá porque estoy haciendo música”.
La imagen quedó grabada.
No necesariamente por el lujo, sino porque por primera vez pudo observar una consecuencia tangible de aquello que sabía hacer.
Aun así, convertirlo en profesión no fue inmediato.
Cuando la familia pregunta cómo vas a vivir de esto
Como ocurre con innumerables artistas, alrededor aparecieron las dudas.
¿Realmente se puede vivir de la música?
¿No sería mejor estudiar otra cosa?
Barbie intentó ese camino.
Comenzó una formación distinta, impulsada en parte por una mirada familiar más tradicional. Duró aproximadamente dos años.
Después llegó una conclusión inevitable:
hacer aquello durante toda su vida significaría ser profundamente infeliz.
Entró al conservatorio.
Y comenzó a apostar completamente por la música.
Eso no significa que las dudas desaparecieran.
Todavía hoy pueden aparecer.
“Hasta el día de hoy a veces me pregunto qué estoy haciendo”, admite.
La diferencia es que ahora conoce la respuesta cada vez que vuelve a crear.
La carrera independiente también incluye llorar y hacer el merch
Hablar de seguir los sueños puede volverse fácilmente una frase bonita.
Barbie se encarga de devolverla a la realidad.
Ser artista independiente significa también hacer presupuestos, llenar convocatorias, pensar producciones, encargarse de redes sociales, fabricar mercancía y encontrar nuevas maneras de financiar un viaje o un espectáculo.
“Una lloradita, hago el merch y seguimos”.
La frase puede provocar risa, pero resume perfectamente la distancia entre la imagen romántica del artista y su rutina cotidiana.
Williams se define prácticamente como una “todóloga”.
Y no necesariamente lo observa como una derrota.
La independencia exige resistencia.
También obliga a aprender constantemente.
Por eso su mensaje no es “abandona todo y vive únicamente de tu pasión”.
Es algo más razonable:
haz aquello que amas aunque todavía necesites hacer otras cosas para sostenerlo.
“Es muy corta la vida para no intentarlo”.
Una máquina de humo terminó conectándola con EIM
Su llegada al Encuentro Iberoamericano de Mujeres en la Industria Musical también posee una historia bastante menos solemne de lo esperado.
Todo comenzó con una máquina de humo.
Barbie necesitaba una para un concierto y preguntó mediante Instagram. Una amiga la conectó con una mujer que podía prestársela.
La consiguió.
El concierto ocurrió.
Historia terminada.
O eso parecía.
Tiempo después, Williams viajó a Colombia para participar en Circulart y conoció a distintas personas vinculadas con el encuentro.
Entre ellas estaba aquella mujer.
La misma de la máquina de humo.
Después volverían a encontrarse dentro de otros espacios de la industria hasta que finalmente Barbie decidió postular formalmente.
“Yo a todo estoy aplicando por mi cuenta”, cuenta.
EIM forma parte de una serie de convocatorias y mercados a los que ha accedido durante los últimos años, construyendo poco a poco aquello que considera fundamental para cualquier proyecto independiente:
infraestructura.
Por qué siguen siendo necesarios los espacios para mujeres
Barbie llegará al encuentro en un momento donde también reflexiona sobre la presencia femenina dentro de la industria.
No plantea que las mujeres sean una excepción.
Todo lo contrario.
“Somos muchas las mujeres que estamos en la industria”.
Precisamente por eso considera necesarios espacios que aumenten la visibilidad, generen conexiones y permitan construir nuevas redes profesionales.
Su participación será el 24 de septiembre a las 8:00 p. m., con un showcase aproximado de veinte minutos.
Y también llegará con un formato distinto.
Hacer más con menos
La nueva configuración escénica nació, parcialmente, de algo muy concreto:
el presupuesto.
Viajar con una banda completa siempre resulta atractivo, pero también multiplica los costos.
Barbie decidió transformar esa restricción en posibilidad creativa.
Durante el showcase estará acompañada por batería, mientras ella misma operará secuencias, máquinas y elementos electrónicos.
Eso implica asumir tareas que anteriormente podían estar distribuidas entre más personas.
Pero también abre otro lenguaje.
Más compacto.
Más electrónico.
Más controlado desde el escenario.
Adaptarse no significa necesariamente reducir la propuesta.
A veces significa descubrir otra forma de interpretarla.
“Paréntesis”: cuando algo terminó pero lo siguiente todavía no existe
Ese estado de transformación también tiene un nombre:
Paréntesis.
El próximo espectáculo conceptual de Barbie Williams parte de una idea sencilla y poderosa:
el espacio entre aquello que ya murió y aquello que todavía no nació.
Su dossier lo plantea como un recorrido que puede atravesar bolero, folclore, fado, electrónica, cumbia, pop, urbano y música coral, con la voz como centro y loops, samples y capas vocales construyendo paisajes en directo.
Pero durante la entrevista el concepto adquiere otra dimensión.
Barbie está atravesando duelos y transformaciones personales.
Después de etapas donde su escritura miraba de manera más amplia hacia asuntos colectivos y sociales, ahora siente la necesidad de volver hacia adentro.
“Estoy más romántica y dramática”, bromea.
En realidad, el movimiento parece natural.
Las personas también funcionan mediante ciclos.
Algo termina.
Existe un momento incómodo donde todavía no sabemos quién vamos a ser después.
Y solamente entonces comienza algo nuevo.
Ese espacio intermedio es Paréntesis.
Un disco que necesita cocinarse lentamente
Barbie quiere publicar un nuevo álbum durante 2027.
Existen canciones.
Ideas.
Un concepto.
También próximos lanzamientos y colaboraciones.
Pero no quiere apresurarse simplemente porque el calendario de la industria sugiera que debería tener nueva música disponible constantemente.
“Algunos buenos platos se cocinan lento”.
Su material exige tiempo especialmente por una razón:
la voz no funciona solamente como vehículo para las letras.
Es un instrumento.
En algunas de sus producciones puede haber decenas de canales vocales construyendo armonías, texturas y atmósferas.
Al volante, por ejemplo, llegó a manejar alrededor de setenta capas vocales dentro de su proceso.
El siguiente disco buscará cierta reducción.
Más espacio.
Algo más minimalista.
Pero la voz seguirá en el centro.
Desaprender para volver a jugar
Esa relación con la voz también se extiende fuera de su propia música.
Barbie imparte un curso de composición y exploración vocal en Domestika, donde ha trabajado con más de mil estudiantes.
El enfoque parte de una idea que coincide con su propia búsqueda:
deconstruir limitaciones.
La voz puede ser melodía.
Ritmo.
Ruido.
Textura.
Percusión.
Respiración.
Un instrumento puede comenzar cuando dejamos de exigirle que funcione únicamente de la manera para la que aparentemente fue creado.
En el fondo, se trata de recuperar el juego.
La adolescente que escucharía “Es lo que hay”
Si Barbie pudiera regresar con toda su música y mostrársela a su versión adolescente, cree que la reacción sería de entusiasmo.
Porque incluso ella continúa sorprendiéndose cuando escucha algunas de sus decisiones.
No por arrogancia.
Por el placer de haber arriesgado.
La canción que elegiría para aquella Barbie sería “Es lo que hay”.
Tiene fuerza.
Humor.
Y también una mirada social.
La pieza surgió desde el hartazgo frente al conformismo colectivo y determinadas situaciones políticas de Argentina.
“No estamos bien. Estamos bastante mal y tenemos que cambiar cosas”.
La canción no ofrece una solución partidista.
Funciona más como llamado.
No acostumbrarse.
No aceptar que algo simplemente “es lo que hay”.
Sembrar algo aunque el mundo esté polarizado
La política aparece inevitablemente porque Barbie creció dentro de discusiones donde las diferencias ideológicas podían llegar incluso a fracturar reuniones familiares.
Con el tiempo ha aprendido otra cosa.
No compartir una postura no elimina la necesidad de comprender que la otra persona existe.
El mundo está profundamente polarizado.
Williams no busca aumentar esa división.
Habla de unión.
Pero tampoco de pasividad.
Cada persona puede participar desde su espacio.
Hacer algo.
Cuestionar.
Sembrar una idea.
Porque permanecer completamente inmóviles también es una elección.
La artista que sigue aplicando
Hay algo revelador en escuchar a una artista que ha formado parte de un proyecto internacional como SIAMÉS, ha recorrido numerosos países, cantó junto a Los Panchos en el Teatro Metropólitan y ha participado en festivales y mercados internacionales decir tranquilamente:
“apliqué como cualquier ser humano mortal”.
Detrás de una trayectoria visible continúa existiendo la artista que llena formularios.
Que envía materiales.
Que espera respuestas.
Que hace presupuestos.
Que necesita reorganizar un espectáculo cuando no alcanza para viajar con toda la banda.
Quizá ahí está una de las ideas más importantes de la conversación.
No existe necesariamente un momento mágico donde la carrera artística deja de requerir resistencia.
Cambian los problemas.
Crece la experiencia.
Llegan otras oportunidades.
Pero todavía hay que continuar.
Barbie Williams está precisamente ahí.
En un paréntesis.
Entre un proyecto que ya conoce y un álbum que todavía está tomando forma.
Entre el folclore con el que aprendió a sentirse en casa y las máquinas que ahora empieza a operar sobre el escenario.
Entre Argentina, Berlín y México.
Entre aquello que terminó y algo que todavía no tiene nombre.
Y quizá ése sea el punto más interesante para escuchar a una artista.
Justo antes de descubrir en qué se va a convertir.




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